El Gobierno Autónomo y Ficticio de Espinardo (más conocido por sus siglas GAFE), ha desclasificado un grupo de documentos entre los que se encuentra la siguiente foto:
La imagen fue tomada durante la entretenida e inolvidable tertulia sobre el libro "Cuentos pop" celebrada en el centro cultural de la citada población. Podría decir lo que estaba pasando en ese momento, pero es mejor que cada cual se imagine lo que quiera.
TRACKLIST. Pincha aquí para ver el listado de cuentos y las canciones que los inspiran (y si pinchas en los títulos en azul o rosa, podrás leer el cuento).
De la contraportada del libro
29 canciones. De Los Planetas a Pulp, pasando por Surfin´ Bichos, Pet Shop Boys y Lou Reed. De todas las cosas que se pueden hacer con ellas, Federico Montalbán escribió 26 cuentos. Y Casanovas, sin leerlos, constuyó la banda sonora en imágenes mientras oía las mismas canciones. Música, literatura e ilustración. Tres en uno.
martes, 26 de octubre de 2010
lunes, 27 de septiembre de 2010
jueves, 23 de septiembre de 2010
La dama y las metáforas
Canción: This Boots Are Made For Walking
Artista: Nancy Sinatra
Álbum: Boots
Un hombre perfecto. Recuerdas a tu madre, cepillándote el pelo delante del espejo de marco dorado de tu dormitorio, enumerando las mil cualidades del hombre perfecto. Las mil cualidades que encontró en el último hombre perfecto. El mismo con el que te vio subir al altar. Te cepillaba el pelo, lentamente, buscaba tu mirada reflejada en el espejo y te hablaba de un hombre respetado por los demás, elegante, hermoso, de conversación agradable, de apellido rimbombante, dueño y señor de una gran fortuna y de una sonrisa irresistible. Mirabas los ojos de tu madre, profundos en el reflejo, y sentías que todo lo que decía era cierto y que no habría mayor felicidad en la vida que un hombre perfecto.
La perfección del hombre era la cúspide de una vida perfecta. Tu madre quería que todo fuera perfecto, desde el pelo hasta las uñas de los pies, desde las cofias blancas del servicio hasta los zapatos negros del chófer. Y como una madre siempre tiene razón, deseaste con tanta fuerza como ella que tu vida fuera perfecta y, especialmente, que tu hombre fuera perfecto.
Tuvo que morir tu madre para que la Perfección empezara a resquebrajarse. Los añicos caían por doquier y eras incapaz de dar un paso sin que rechinaran aplastados bajo tus exquisitos zapatos de tacón.
La Perfección era perfecta. Era, también, fría y terriblemente aburrida. El cocinero, formado en las mejores escuelas de París y Cataluña, os preparaba un menú distinto cada día. Tú fantaseabas con mancharte de kétchup comiendo en un McDonald. La niñera vestía a tu bebé con vestidos llenos de puntillas y lazos. Tú querías jugar con él en ese parque público que veías siempre al volver de la guardería. Que sus llantos no te dejaran dormir por la noche. Que los pezones te dolieran al dar de mamar. Sentir cierta repulsión al cambiarle los pañales sucios. El teléfono sonaba para invitarte a alguna inauguración en la galería más in de la ciudad o al último cocktail del año. Tú querías que algún pervertido te llamara y gimiera al otro lado del teléfono mientras que tú, asustada, preguntabas quién era. Tu marido, el hombre perfecto, te daba un beso de buenas noches después de ejercer el matrimonio como un misionero culpable. Tú querías que el monitor del gimnasio, el moreno, no el rubio, te hiciera de todo en la cama. Ah, lo vulgar. Desde la Liga de mujeres por el arte organizabais conciertos privados de música clásica. Mahler, Bach, Stravinsky. Tú, en secreto, llenabas tu Iphone de soul, R&B, bebop.
Un día, tu marido, vestido con su camisa favorita de madrás y con el bronceado actualizado después de la conveniente sesión de rayos uva, te dijo que pasaría algunos días fuera de casa. Se marchaba a Londres a cerrar unos asuntos. Ese mismo día, el monitor del gimnasio, sudado, vestido con ropa barata de Decathlon, te dijo que si no tenías planes para esa noche, te invitaba a cenar. Era el rubio pero aceptaste igualmente.
Cenasteis en un sitio de esos de comida rápida. Fuisteis a bailar a una discoteca de moda. Y después... Lo que pasó después te mostró que el que durante años había pasado por ser el hombre perfecto estaba a años luz de lo que de verdad querías. Algo había explotado en tu interior. Había tanta imperfección que disfrutar ahí afuera que decidiste que no había un segundo que perder.
Esperaste pacientemente a que regresara de cerrar sus asuntos. Le sentaste en su sillón favorito de la biblioteca, le serviste personalmente un té Earl Grey y le explicaste tu nueva visión de la Perfección. También le dijiste que tus abogados, tantos como los suyos, habían comenzado a tramitar el divorcio. Él te miraba sin cambiar el gesto y tras dejar la taza con sumo cuidado en la mesa, exclamó que no entendía nada. Intentaste explicárselo de otra manera y, en ese inglés tan bien pronunciado que hablabais los dos, le dijiste: This boots are made for walking. Él siguió sin entender nada. Las metáforas no eran lo suyo. Pero insististe, esta vez con una metáfora a medias: Que este coño está hecho para follar y no para eso que haces tú en la cama una vez al trimestre.
Saliste de la biblioteca dejándole con los espasmos del soponcio y marcaste el número del monitor del gimnasio. Del moreno.
sábado, 11 de septiembre de 2010
lunes, 16 de agosto de 2010
SkandalKonzert
Canción: Do the Funky Chicken
Artista: Rufus Thomas
Álbum: Do the Funky Chicken
Sinceramente, pensé que era buena idea. De verdad, pensé que vestir a 23 niños de pollos y hacerles bailar el Do the Funky Chicken del gran Rufus Thomas para el baile fin de curso era una buena idea. No me engañaba y sabía que no podía esperar que, en una época como la actual en la que el entusiasmo brilla por su ausencia, mi idea fuera recibida con vítores y aplausos. Mucho menos pensaba que las madres y los abuelos acabarían levantándose de sus asientos y bailando el baile de la gallina como las multitudes enfervorecidas del video que se puede ver en Youtube. Pero lo que tampoco esperaba era acabar con un ojo morado, varias costillas rotas y las cuatro ruedas del coche pinchadas. Afortunadamente, yo también me vestí de pollo y el traje, lleno de gomaespuma, absorbió la mayoría de los impactos.
Una amiga mía pasó una temporada en Chiapas junto a una amiga suya que era enfermera. Cuando las mandaban selva adentro o selva afuera, su amiga decía: Enfermera soy, donde me mandan voy. Hice mía la frase y la usaba cada vez que tenía oportunidad. Cuando en la Asociación de Madres y Padres de Alumnos dijeron que el claustro había decidido no organizar ningún baile de fin de curso a no ser que alguna madre se ofreciera voluntaria para preparar la actuación, me dije: Del AMPA soy, donde me mandan voy, y me presenté voluntario.
Todos lo vieron fenomenal, supongo que no imaginaron que vestiría a sus hijos de pollos y les haría bailar a ritmo de soul. Algo que, sigo sin entender la razón, consideran detestable.
Los niños recibieron con gran algarabía mi idea. La canción les gustó desde la primera audición. Y enloquecieron cuando llegaron los trajes de pollo que había encargado a la mejor tienda de disfraces de la ciudad. En apenas dos ensayos, aprendieron todos los pasos y algunos de ellos, los más atrevidos, aportaron varias ideas brillantes para el baile.
La actuación salió mejor que cualquiera de los ensayos. Yo les iba marcando los pasos ataviado con mi disfraz de pollo gigante pero ninguno me miró. No les hizo falta, la música les dictaba qué hacer. Miraba de reojo al público cada vez que tenía ocasión, esperando ver gestos de conformidad y sorpresa. Pero solo veía muecas de horror o rostros desencajados. Empecé a prever el desastre.
Cuando acabó la canción, un silencio sepulcral se apoderó del auditorio. Les hemos dejado sin palabras, les susurré a los pequeños bailarines, y me los llevé corriendo al backstage.
Enseguida llegaron las madres y se llevaron corriendo a los niños, dándoles fuertes tirones de los disfraces de pollo para quitárselos cuanto antes. Los padres se demoraron algo más. Tenían varias cosas que decirme y muchas patadas que darme. Los golpes no me dolieron mucho. Los insultos no me ofendieron en exceso. Lo que peor me sentó fue la falta de respeto al gran baile que habían hecho los niños y a la feliz música del maestro Thomas.
Tardé un par de días en quitarme el traje de pollo gigante. Temía que, al hacerlo, las costillas rotas se desparramaran y que muriera por descompresión pulmonar. Cuando por fin me libré de él, pensé que todo había pasado. Una vez más me equivocaba.
Cada vez que salía a la calle, la gente cacareaba a mi paso y fingían mover las alas histéricamente. De vez en cuando, me lanzaban huevos. Al cabo del mes, mi mujer me dijo lo que pensaba de mí desde hacía mucho tiempo: Eres un fantoche. Y empezó los trámites para el divorcio. Al empezar el curso, la directora del centro me comunicó que la situación se había hecho insostenible. El resto de padres habían recogido firmas para expulsarme del colegio. Ella no podía hacer tal cosa, faltaba más, pero me recomendaba vivamente que pidiera el traslado voluntario de mi hijo a otro colegio.
Mi genial idea para el baile de fin de curso acabó, de forma completamente sorprendente, hundiéndome la vida. No me preocupo en exceso porque sé que el problema está en los demás. Algunas tardes, mi hijo y yo nos volvemos a colocar los disfraces de pollo, subimos el volumen a tope y nos dejamos llevar por al ritmo de la gallina funky. Solemos acabar el baile con un paso que incluye un gran corte de mangas al resto de la humanidad.
lunes, 9 de agosto de 2010
miércoles, 4 de agosto de 2010
Obdulia, la dinamitera
Canción: Tremendous Dynamite
Artista: Eels
De no ser por la condición masculina de los que escriben la Historia, Obdulia Fueyo Álvarez (http://es.wikipedia.org/wiki/Obdulia_Fue%C3%A1n) ocuparía un lugar privilegiado en las crónicas de la España Negra. Pero su crimen fue contra los símbolos más profundos de la hombría íbera (y universal) por lo que tuvo la correspondiente doble condena: garrote vil y olvido. Pero estando Obdulia de por medio era de esperar que la voluntad masculina acabara por mostrarse impotente. Con las uñas ensangrentadas y cubiertas de tierra, su recuerdo salió a la superficie después de excavar los metros de tierra bajo los cuales había sido enterrado y un grupo feminista honró su memoria llamándose Grupo Obduliano por la Liberación Femenina, más conocido por las siglas GOLF (http://www.rrebelion.org/documentos.php?id=110770&titular=la-historia-de-golf-un-movimiento-feminist%F3gica-). La desafortunada coincidencia provocó que el grupo acabara disolviéndose a finales del siglo XX, con el boom del deporte elitista en cuestión.
Se cuenta de Obdulia que, haciéndose pasar por hombre, consiguió trabajo en una de las minas más productivas de Asturias. Investigaciones posteriores apuntan a que se trata de una reformulación más del mito de la mujer travestida. Lo más probable es que Obdulia acudiera a la mina a cara descubierta y gracias a su habilidad, casi sobrehumana, en el manejo de la dinamita consiguiera que la contrataran. Hasta ese momento no hay datos sobre mujeres mineras por lo que podría afirmarse que Obdulia fue una pionera.
Manejaba la dinamita con una precisión y eficacia apabullantes. Donde otros pasaban días calculando la carga necesaria y los metros de mecha convenientes, ella empleaba dos o tres segundos. No hay constancia de que su pulso temblara alguna vez. La maravilla definitiva consistía en verla posicionarse al borde mismo de la explosión. La mina temblaba de arriba abajo y ella asistía impasible a la conmoción de la Tierra. De vez en cuando, alguna esquirla volaba más de lo esperado y le dejaba una hermosa cicatriz en la cara.
Los curiosos que se acercaban al pueblo atraídos por la leyenda de la dinamitera, lo hacían esperando encontrar una mujer cejijunta, con bigote y rasgos simiescos, de hombros anchos, pecho plano y piernas rotundamente cilíndricas. No daban crédito al encontrarse una mujer curvilíneamente femenina y de un atractivo completamente gravitacional.
Lobo Feroz era otro de los trabajadores de la mina. El apodo se lo ganó a pulso, a base de devorar jovencita tras jovencita. Sus atractivos parecían ser irresistible a todo ser humano con dos cromosomas X en su genotipo. Quizás por eso las continuas negativas de Obdulia le llevaron a un punto de desesperación absoluta. El hombre por antonomasia no podía aceptar un rechazo más. Tomaría por la fuerza lo que no se le entregaba voluntariamente.
Los distintos testimonios no acaban de ponerse de acuerdo sobre los hombres que acompañaron a Lobo Feroz en la fatídica noche. Los documentos judiciales incluyen tres nombres, además del suyo, como víctimas posteriores de Obdulia. Así que, al menos fueron cuatro los que se presentaron por la noche en casa de la dinamitera, forzaron la puerta, llegaron hasta su habitación y la violaron.
Los archivos del médico rural de la zona (http://www.archivushistoricus.langreo.es/fondos06.htm) permiten afirmar que lo que sigue es cierto, detalle más, detalle menos. El primero de ellos optó por la violación oral. Olvidando que una boca tiene labios, lengua, paladar y también dientes. La dentadura de Obdulia estaba en perfecto estado.
Después de aquello, los demás optaron por la violación vaginal con más saña de la que habían pensado emplear en un primer momento. Otra podría haber muerto después de tanta brutalidad pero no Obdulia, la dinamitera.
Otros archivos, esta vez del médico forense (http://www.archivushistoricus.langreo.es/fondos17.htm), permiten afirmar que lo que sigue también es cierto, esta vez con todo detalle. Tres noches después, Obdulia se vengó. Con el primer violador no se molestó, al fin y al cabo se había llevado ya su merecido. A los otros tres los fue llevando uno a uno a la mina. A solas todos eran más débiles, más cobardes, que ella. A los dos primeros les colocó el cartucho de dinamita en la boca. A Lobo Feroz se lo metió por el culo. Y fue uno de calibre grueso.
Al igual que cuando hacía explotar rocas y tierra, se colocó en la frontera misma de la explosión. Tres rotundos fogonazos iluminaron la mina y algunos trocitos inofensivos de violadores golpearon, apenas sin fuerza, contra la dinamitera. No hay documento alguno que confirme que esto acabara así pero conociendo a Obdulia, es lo más probable.
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