TRACKLIST. Pincha aquí para ver el listado de cuentos y las canciones que los inspiran (y si pinchas en los títulos en azul o rosa, podrás leer el cuento).

De la contraportada del libro

29 canciones. De Los Planetas a Pulp, pasando por Surfin´ Bichos, Pet Shop Boys y Lou Reed. De todas las cosas que se pueden hacer con ellas, Federico Montalbán escribió 26 cuentos. Y Casanovas, sin leerlos, constuyó la banda sonora en imágenes mientras oía las mismas canciones. Música, literatura e ilustración. Tres en uno.

viernes, 12 de abril de 2013

Primera Persona, Barcelona, 4 de mayo

Cuando presentamos "Diario de un amargado" en Barcelona, Santi Carrillo, director de Rockdelux, dijo algo de lo que yo no era consciente pero que me pareció muy acertado: el último cuento de "Cuentos pop" abría el camino al "Diario de un amargado", apuntaba muchas de las cosas que luego desarrollaría en ese libro. De eso hablaré en Barcelona, el penúltimo en el cartel:



Y ahora, el cuento en cuestión:

Pequeña nota probablemente autobiográfica
B.S. no O.
Artista: The Rolling Stones
Canción: You Can´t Always Get What You Want
Álbum: Let It Bleed


La primera señal de alarma pasó desapercibida como una discusión de pareja más. Volvían de un fin de semana en la playa. Anochecía. La interminable fila de coches avanzaba a velocidad desquiciante. El hijo mayor dormía como un bendito. El pequeño lloraba en modo bucle llamando a su abuela. El llanto crispó los ánimos. Ella apagó la música de golpe, sin previo aviso. Sonaba “You Can´t Always Get What You Want” de The Rolling Stones. Él perdió la paciencia y dijo cosas inconvenientes. Se soltó el cinturón. Se pasó al asiento de atrás a ver si conseguía que el hijo pequeño dejara de llorar. Se puso los auriculares del móvil para seguir escuchando música. Sonaba “That´s Entertainment” de Paul Weller. Así siguió el resto del viaje. Sordo a todo lo demás.

La segunda señal de alarma fue escuchaba por sus dos hijos. De nuevo en el coche. El mayor le preguntó algo. Él, en vez de responder, subió el volumen de la música. Sonaba “Santos que yo te pinté” de Los Planetas. Cuando ella llegó a casa, el hijo mayor le contó lo que había pasado y una sombra de duda cruzó la cara de la mujer.

La tercera señal de alarma le agradó mucho a ella y la distrajo de la catástrofe que se avecinaba. Él ponía lavadora tras lavadora. La ropa para planchar se acumulaba. Una excusa perfecta para encerrarse en el estudio, plancha en mano, a escuchar discos de vinilo. Sonaba The Pains Of Being Pure At Heart.

La cuarta señal de alarma fue muy comentada, especialmente en el barrio en el que trabajaba. Allí era habitual que de las ventanas saliera a todo volumen música de Camela, La húngara o Junco. Menos habitual era que un educador se encerrara en su despacho a escuchar a The Yardbirds a todo lo que daba el viejo radiocasette del centro comunitario.

La quinta señal empezó a ser alarmante. Él apenas sabía inglés, a pesar de lo cual, ella lo descubrió una noche, a eso de las tres de la madrugada, cantando en sueños el “Get Ready” de The Temptations con un impecable acento de Detroit.

La sexta señal de alarma fue la definitiva. Después de una llamada de socorro de ella, la policía lo encontró medio muerto y enteramente ido después de estar casi tres horas corriendo alrededor del Campus de E. Sonaba el primer EP de Vacaciones. Los dos gigas de la tarjeta de memoria de su móvil tenían espacio para muchas canciones, sobre todo a 128 kbps, y había decidido no dejar de correr hasta que sonara la última. Dejadme, consiguió decir mientras lo subían a la ambulancia, que ahora va un disco de Cooper.

Cuando se recuperó del fenomenal esfuerzo, nunca antes había corrido más de una hora, lo trasladaron a la planta de psiquitaría del hospital. No voy a andarme por las ramas, le dijo el psiquiatra a ella, creo que le conviene saber la verdad, más que nada para que decida con tino lo que va a hacer con él a partir de ahora. Su marido... No es mi marido, no estamos casado, le aclaró. Bueno, usted perdone, su... lo que sea, no ha perdido la cabeza porque sí. Ciertas corrientes... cómo le diría... blandas de la psiquiatría se empeñan en buscar causas medioambientales que exculpen al sujeto. Pero este no es el caso. Lo sorprendente es que haya llegado hasta aquí. Se trata de un ser débil y apocado, sin entereza para afrontar el mundo moderno, dispuesto solo para los más fuertes, y que desea huir a toda costa. La medicación actual puede obrar el milagro. Pero no se engañe, será un milagro breve. Volverá a escapar. Tal vez repita con la música. Tal vez se fugue a los tebeos, a la ropa de marca o a las novelas de ese escritor japonés al que me ha dicho que es tan aficionado. Pero se fugará. Téngalo por seguro. Así que allá usted con lo que decida. Pero si quiere seguir el consejo de un profesional con años de experiencia y que sabe lo que se hace, déjelo aquí encerrado. Lo digo por el bien de todos. Le pondremos la música que nos pida, lo tendremos medicado, los cabezazos se los dará contra paredes acolchadas... será más feliz de lo que nunca lo ha sido ahí afuera. Se lo puedo asegurar.

Ella se dirigió hacia la salida del edificio. No le había dicho nada a aquel hombre experto en mentes y tan seguro de si mismo pero ya había tomado una decisión. Abandonaba el hospital cuando por el hilo musical las muchachas del London Bach Coir empezaron a cantar: You can´t always get… 

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